México ha emergido como un actor importante en el panorama de la energía eólica, impulsado por la necesidad de diversificar sus fuentes energéticas y mitigar el cambio climático. Los orígenes de esta industria se remontan a varias décadas, con hitos clave que sentaron las bases para su desarrollo actual.

Los Primeros Pasos: Exploración y Proyectos Piloto
El interés por el potencial eólico en México se materializó inicialmente en la región del Istmo de Tehuantepec, en el estado de Oaxaca. Esta zona es reconocida a nivel mundial por sus fuertes y persistentes vientos, con velocidades promedio anuales que oscilan entre 20 y 25 metros por segundo, lo que la convierte en uno de los sitios con mayor potencial para la generación de energía eólica.
- 1986: La Comisión Federal de Electricidad (CFE) comenzó a instalar estaciones anemométricas en el Istmo de Tehuantepec para caracterizar el contenido energético del viento. Estas mediciones, junto con evaluaciones realizadas por el Laboratorio Nacional de Energía Renovable de Estados Unidos (NREL) a petición del gobierno de Oaxaca y financiado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), generaron un gran interés en la región.
- 1994: La CFE llevó a cabo la construcción del primer proyecto experimental de energía eólica en el país, conocido como Parque Eólico La Venta I. Ubicado en el ejido de La Venta, en el municipio de Juchitán, Oaxaca, este parque prototipo contaba con siete aerogeneradores de 225 kW cada uno, sumando una capacidad total de 1.575 MW. El propósito de este proyecto piloto era que la CFE adquiriera conocimientos sobre el aprovechamiento de la fuerza del viento.
El Salto a la Escala Comercial y el Marco Regulatorio
El éxito del proyecto piloto y la creciente conciencia sobre la necesidad de energías limpias impulsaron un marco regulatorio y una mayor inversión:
- 1992: Una reforma a la Ley del Servicio Público de Electricidad abrió la puerta a la participación privada en la industria eléctrica mediante esquemas como el autoabastecimiento.
- 2001: Se intensificaron las acciones significativas para las energías renovables, con el Programa Sectorial de Energía 2001-2006 que buscaba desarrollar 1000 MW de electricidad con fuentes renovables. Un modelo de convenio de interconexión para energías renovables “abrió una ventana de oportunidad” para los proyectos eoloeléctricos.
- 2001-2004: Instituciones públicas, bancos, gobiernos locales y agencias de desarrollo internacional, con el apoyo crucial del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF) y el PNUD, planificaron el “Corredor Eólico del Istmo de Tehuantepec”. Este megra-proyecto, liderado por empresas internacionales, se diseñó para explotar los vastos recursos eólicos de la región.
- 2005: El GEF, a través del Banco Mundial, otorgó un financiamiento de 70 millones de dólares para el Proyecto de Energías Renovables a Gran Escala. Más de la mitad de estos fondos se destinaron a establecer una tarifa de compra favorable para las energías renovables. Ese mismo año, se aprobó la Ley para el Aprovechamiento de las Fuentes Renovables de Energía.
- 2006: La Comisión Reguladora de Energía (CRE) lanzó la “Temporada Abierta de Reserva de Capacidad de Transmisión y Transformación de Energía Eléctrica”, un mecanismo para integrar proyectos del Istmo a la red eléctrica nacional.
- Enero de 2007: El Parque Eólico La Venta II entró en operación comercial, marcando el inicio de la producción eólica a gran escala en México. También localizado en el Istmo de Tehuantepec, este parque fue el más grande de América Latina en su momento, con 98 aerogeneradores y una capacidad total instalada de 83.3 MW. Fue construido bajo un esquema de Obra Pública Financiada, con la participación de empresas como Gamesa e Iberinco.
Desde estos inicios, el Istmo de Tehuantepec ha concentrado la mayor parte del desarrollo eólico en México, convirtiendo a Oaxaca en el principal sector de aprovechamiento del país, representando aproximadamente el 92% de la energía eólica generada a nivel nacional. Aunque el desarrollo ha enfrentado desafíos sociales y ambientales, los primeros proyectos sentaron las bases para que México avanzara significativamente en su transición energética.














